lunes, 9 de septiembre de 2013

Sierra Nevada. Cadena - 4 Tres miles - Loma del Calvario

Ruta realizada el 6 de Julio de 2013.

Fuimos Mª José, Rodrigo, Guillermo y yo, Antonio, el que les escribe.

Mi propósito con esta tercera ruta por la zona, era la de patear y coronar todos los tres miles orientales de Sierra Nevada. Encumbrar todos los tres miles situados en el Norte de esta Sierra.

Así que, por tercera vez consecutiva, en tres fines de semana seguidos (éste último si reservamos noche en Guejar Sierra) subimos a nuestra ya conocida y difícilmente olvidada cadena, donde dejamos el vehículo.

Con mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, recorrimos por tercera vez esa larga subida al Puntal de los Cuartos. Por supuesto pasando por Papeles y el refugio de Peña Partida.






Creo que me atrevería a ir a este pico con los ojos cerrados.






La proporción de nieve respecto a la anterior semana había menguado de una forma bastante sensible. Seguían existiendo neveros pero con bastante menos nieve.





Antes de llegar al Puntal, en el pequeño murete abrigo, nos encontramos con el rebaño de cabras, que en todas las rutas que aquí realicé me he encontrado, liderado y dirigido por dos grandes mastines que, aunque no tienen ganas de ser amigos, tampoco son peligrosos con los caminantes, pero no tienen buenas pulgas y hay que estar con cierto ojo.



Picamos antes de enfrentarnos con el final más duro de esta ya conocidísima cuesta o pendiente.



Una vez arriba, coronado por tercera vez, el Puntal de los Cuartos, de 3.154m de altitud y nuestro primer tres mil del día.



Aquí tuvimos un contratiempo. Rodrigo decía que ya no seguía. Con este pico ya tenía suficiente y, así obcecado, decidió bajar hacia los Lavaderos con lo que Mª José, por no dejarlo sólo, lo acompañó y realizaron, prácticamente, la ruta que realicé en primer lugar en esta zona.



Nos quedamos Guillermo y yo con ganas de tirar en sentido contrario al Covatillas, hacia el pico de la Justicia. De entrada, sabía que se trataba de un itinerario duro y algo largo, pero nunca pensé o calculé lo duro, largo y fuerte que al final resultó. Menudo castigo le infligí a Guille, que llegó exhausto, igual que yo.

Bueno, vamos por partes.

Desde el Puntal de los Cuartos o La Buitrera, nos dirigimos hacia el pico de la Justicia, por su cordal, una marcada cresta de piedras caóticas que limitaban un alargado y estirado nevero que caía hacia las lagunillas de Juntillas.




A mitad de cordal llegamos al pico de los Escarpes, La Mojonera o Atalaya Norte, según creo por  varias fuentes que he estado ojeando. Se trata de un tres mil, pero no sé si reconocido en algún listado oficial y que parece que no existe en esta Sierra (de lo que se quejan muchos montañeros). Parece que eso no ocurre en las montañas Pirenaicas.

Esta Atalaya Norte de 3.141m de altitud, se compone de un caos de rocas y promontorio a mitad de camino del sí reconocido pico Atalaya o Justicia. Por si acaso, nos sacamos nuestras fotos.



Nos pasaron en este momento un nutrido grupo de montañeros con los que coincidimos durante un largo trayecto. Varios objetivos comunes.

En una corta y pequeña  subida nos encontramos con nuestro segundo tres mil “oficial” de la jornada, el pico de la Justicia o Atalaya de 3.141m de altitud.




Fotos con diferentes panorámicas y fondos y a continuar con nuestro proyecto. Hacia el siguiente tres mil.

Avanzábamos detrás del grupo que nos abría el camino a seguir. Aunque estaba señalizado con hitos y era evidente, perdimos 150m de desnivel ya que tuvimos que bajar la ladera de la Atalaya hasta llegar al Collado de la Buitrera para, después, tener que subirlos y coronar nuestro tercer tres mil, el pico o atalaya del Cuervo, de 3.147m de altitud.




Aquí descansamos junto al esbelto hito cimero aprovechando la mínima sombra que daba para resguardarnos del implacable sol que tuvimos durante todo ese día. Nos tomamos varias latas de isotónica, agua y frutas. La subidita nos la jugó fuerte.

Parece que el grupo que nos precedía pensaba pasar la noche en este pico y se lo tomaban con mucha calma, pero nosotros teníamos un largo recorrido aún por delante y, tras el merecido parón, reanudamos la marcha.



Descendimos de nuestro pico en suave pendiente y pasamos de nuevo por otro tres mil no oficial, según el IGN de 3.098m de altitud, donde también cayeron algunas fotos, para llegar a nuestro último tres mil de la jornada.






Para llegar a él tuvimos que subir a una pequeña plataforma que se convirtió en una cordal de piedras con una caída a nuestra derecha bastante vertical, continuarla durante un tramo y coronar el hito cimero, colocado en un lugar estratégico, con unos cortados que impresionaban, cuya ladera y la de la loma de Maitena, formaban la vaguada por la que discurría el río Vadillo.






Se trataba del cerro del Mojón Alto o Tajos Negros, según unos u otros autores, de 3.117m de altitud. Atalaya de ubicación estratégica y con vistas espectaculares de una gran parte de  Sierra Nevada. Nuestro cuarto tres mil y último del día.




Antes de continuar con el relato, quiero comentar que dudé muchísimo el intentar el Puntal de Vacares (Ya que no pienso volver a la cadena por mucho tiempo ¡¡¡), puesto que se trata de un pico de difícil acceso si no se hacen travesías, y se me va a quedar en el tintero por esta zona, pero no íbamos demasiado bien de tiempo y Guille no las llevaba todas consigo, por ello decidí atacar el Mojón Alto y regresar al punto de partida.

Aquí nos ocurrió la anécdota del día. Nosotros éramos los observadores desde lo alto de varios buitres que sobrevolaban realizando círculos aprovechando las corrientes térmicas de aire. El caso es que uno de ellos, el que menos se parecía a un buitre, nos superó en altura y tomó el papel de observador, pero se limitaba a hacer círculos sobre nuestras cabezas bajando progresivamente hacia nosotros, tanto es así que se llegó a quedar a unos dos metros por encima nuestra y lo repitió en varias ocasiones. Era un pájaro enorme, de unos 2 a 2,5m de envergadura y creo que se trataba de un quebrantahuesos.


A la segunda vez que nos hizo esa bajada, no nos fiábamos ni un pelo del bicho.

Menos mal que al final se fue alejando y retirándose del lugar.

La bajada del Cerro del Mojón Alto, fue por camino sin señalizar, campo a través, sin hitos, pero cómodo, factible y claro.



Nos dirigíamos hacia una laguna bordeada en su mitad de la periferia por unos grandes y gruesos neveros y, parte de ellos, estaban descolgados del resto y tumbados sobre la laguna. Como si se tratase de un frente glaciar!!! 

Igual me he pasao con la explicación pero es para que os hagáis una idea.




Era tan impresionante y diferente de todo lo que he visto por la zona que nos paramos un buen rato para observarla, fotografiarnos e, incluso, meter los pies en esas gélidas aguas.





Tras tomarnos unas piezas de frutas, continuamos bajando campo a través hasta, por fin, dar con el marcado sendero que no era otra cosa que la vereda o cañada Real de Vacares.


Una interminable, digo bien, interminable bajada por la Cuesta de la Barraca, según el IGN Loma del Calvario que, aunque con vistas impresionantes del corral de Valdeinfiernos y de los impresionantes saltos de agua del río Valdeinfierno, y de intuir, más que de ver, el río Guarnón  uniéndose al río Real que discurría al fondo de la inmensa vaguada que dejábamos a nuestro lado izquierdo, resultó una bajada bastante tediosa, larga, cansina y sin final.











Durante la bajada, dejamos atrás el cruce de la cañada Real de Vacares que llevábamos con la vereda de San Juan, prácticamente donde comenzaba un pinar. Seguimos bajando hasta prácticamente alcanzar la acequia las Nogueras junto a unos depósitos de agua tipo albercas circulares, , cerca del cortijo del Peñoncillo, donde giramos a nuestra derecha cambiando drásticamente de dirección y siguiendo el curso de la citada acequia.



Caminábamos entre el pinar, que nos sirvió de parapeto del sol pero, a esa altura, prácticamente no llevábamos agua y, aunque pasamos varios barrancos con agua, la utilizábamos para refrescarnos, mojándonos la cabeza y la cara. Prácticamente este tramo era horizontal y llaneamos durante un largo trayecto.







Alcanzamos el río Vadillo, que cruzamos por un puente con tableros de madera. Llevaba bastante agua y era un lugar precioso para patear y descubrir todos sus rincones. Lástima que, en este punto de nuestro recorrido, solo pensábamos en llegar a nuestro destino. Prácticamente sin agua, sin comida y con un sol que nos estuvo castigando durante todo el día, más los kilómetros que ya llevábamos  en las piernas y lo incierto del camino, sin tener claro que nos íbamos a encontrar más tarde, nos impidió quedarnos y disfrutar de ese bello rincón.





Nos tocaba subir un desnivel de unos 150m entre el pinar haciendo multitud de zigzag, hasta alcanzar una cota suficiente para, ya sobre la ladera que nos conduciría a nuestro vehículo y por la zona denominada Haza del Lastonar, tomar un sendero, de nuevo muy horizontal que, aunque bastante claro y marcado, no parecía ser muy transitado, por lo que mi intranquilidad aumentaba por momentos, con la duda de que en algún momento se interrumpiese, lo cual no ocurrió.




La tarde se iba echando, el sol escondiéndose, nuestra meta aún se encontraba lejos y, Guillermo, cada vez más cansado y agobiado.


Racionamos el agua hasta el límite, con buches que prácticamente mojaban los labios, pero tuvimos una grata sorpresa, me encontré una manzana en una bolsa perdida, nuestra salvación ¡!

Le hicimos los honores merecidos. Nos sentamos sobre una gran piedra y, de camino que descansábamos, nos tomamos aquella rica manzana que todavía degusto. Nos supo a gloria y nos repuso algo de nuestras energías perdidas.

El trazado horizontal, pero también interminable, aumentaba nuestras ganas de llegar a pesar de que caminábamos a media ladera por encima del río Vadillo cuyo curso circulaba por el fondo del barranco. Se trataba de un bello paraje, pero ese detalle era lo último en lo que, en esos momentos, pensábamos.

A la altura de la zona denominada Los Barracones le di el último disgusto a Guille!! Otra subida a vencer, de unos 100m de desnivel, cuando no podíamos ni levantar nuestras botas del suelo. Menos mal que esa manzana ¡! nos dio alas ¡!

Además iba más repuesto y menos agobiado que antes, con lo que al subir esta última cuesta y conectar con el sendero que por la mañana tomamos en sentido inverso y, ya en suave descenso, con los coches en nuestro campo de visión, nos relajamos completamente.

Por fin todo el grupo reunido de nuevo!!! Ellos llevaban más de tres  horas esperándonos junto al coche y con la consiguiente preocupación, aunque nos comunicamos por móviles.


Tras el cambio de ropa y calzado, directos a una buena ducha y a un merecido y gran menú de cena, y luego a la habitación. Suerte que esta vez no tocaba una larga vuelta a Sevilla en coche.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




Si quieres descargarte el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace:

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