viernes, 6 de diciembre de 2013

CIRCULAR A LA SIERRA DE LAS CABRAS Y SUBIDA AL PICO YEDRA

Ruta realizada el día 27 de Octubre de 2013.

Fuimos Rodrigo y yo, Antonio.

Procedentes de Sevilla y por la autovía de Málaga A-45, tras pasar el desvío hacia el polígono industrial de Antequera, tomamos el desvío por la vía de servicio que discurre paralela a la autovía y nos lleva al hotel la Sierra y la Venta de la Yedra, situada junto a la gasolinera, además de la conocida fuente de la Yedra. 
Próximo a este desvío, dejamos el vehículo.

Con mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, iniciamos nuestra amplia circular.

Al principio retrocedimos unos metros por la carretera que llegamos en coche, para inmediatamente conectar, girando a nuestra izquierda, con un camino de tierra que, en su extremo final, se unía con la carretera que circunscribía a toda la mole del Parque Natural del Torcal de Antequera, la C-3310.

Caminando durante el primer tramo, prácticamente en horizontal, pronto llegamos a la altura del Cortijo de la Parrilla.


A continuación, cuando el camino describía una curva de casi 90º, vimos varios coches con carritos para perros (supongo que estarían cazando), lo que me preocupó de momento aunque, al no verlos ni oír disparos, poco a poco se me fue olvidando.

A partir de este punto comenzó a tomar pendiente, a veces fuerte. Pasamos junto a una finca, con sus viviendas, en la que la trayectoria del propio carril parecía que nos llevaba directamente a la verja de su entrada pero, al llegar a su altura, observamos como el camino la bordeaba.

Continuamos en ascenso y, a partir de aquí, los ladridos de varios perros no dejaron de sonar. El camino nos llevó al núcleo de una cortijada, como establos para ganado, e incluso una nave para extraer la leche a las cabras que es el ganado que vimos por aquí.

Por un momento dudamos por donde continuaba el camino ya que todo este conjunto lo interrumpía, incluido los cinco o seis perros que nos ladraban sin parar. Curiosamente allí no salió nadie, y eso que todas las puertas de las naves estaban abiertas y se intuía que estaban trabajando o realizando sus labores.


Retiré una valla a modo de puerta y proseguimos con nuestra ruta. Conectamos de nuevo con el camino, lo continuamos durante un periodo de tiempo mientras íbamos bordeando las primeras estribaciones de la sierra de las Cabras y lo abandonamos para internarnos entre ella y la ladera de los Lastonares.


Ya con una pendiente mayor, nos fuimos internando por esa vaguada que formaban las dos laderas buscando los pasos más cómodos y claros, ayudándonos de senderillos que se veían pero que, rápidamente, se perdían.

Abundaban los majuelos que formaban auténticas barreras naturales con sus pinchos asomados en las ramas. Había que estar atento a por qué lado caminar, mirando al frente para ir decidiendo la mejor opción, ya que a veces eran infranqueables.

Principalmente, subimos esta vaguada por nuestro lado izquierdo, según ascendíamos, flanqueados por unas murallas pétreas de formas caprichosas e imponentes.







Poco a poco fuimos llegando al collado donde la pendiente se fue suavizando y, el terreno que pisábamos, despejándose de árboles y arbustos. Por aquí nos encontramos con personas buscando setas. Más concretamente las setas de Cardo, hongos que se confundían por su color con las numerosas piedras diseminadas que en este llano algo inclinado.


Al frente se vislumbraba toda la elevación del pico Cabras, que posteriormente intentaríamos coronar, mientras que, a nuestra izquierda, se encontraba el pico Yedra.


Sin pensarlo mucho, y por la línea de máxima pendiente, tiramos “to parriba” y, en poco tiempo, pisamos su cumbre que se trataba de una larga cresta con dos elevaciones rocosas de igual altitud en sus extremos. Concretamente de 1.264m.







Tras fotos en todas las direcciones, y con todos los fondos posibles, iniciamos la bajada, igual que la subida, campo a través aunque cómodo de caminar. Teníamos intención de perder la menor altitud posible para enfilar nuestro segundo pico por ello, nos dirigimos, una vez en la base del Yedra, hacia el collado de los Lastonares a través de una cordal marcada alineada con él.


Se trataba de una pequeña crestería rocosa por la que se iba adecuadamente, por supuesto, si se tiene experiencia en caminar entre rocos calizas y angulosas. En medio de esta cordal tuvimos que sortear nuestra primera valla del camino. Aprovechando un vano bajo y unas rocas estratégicamente colocadas pasamos este escollo.

Una vez en el collado, nos tocó subir de nuevo por un plano inclinado cubierto de hierba alta y sorteando árboles aislados. A nuestra derecha existía una barrera rocosa que, en otra ocasión, recorrí por su cumbre caminando por encima de esta crestería pero, en esta ocasión, nos fue flanqueando en nuestra subida.



Alcanzada la base del pico Cabras, nos asomamos a una espléndida ventana natural, hueco que dejaba libre la barrera rocosa, cuyas vistas llegaban hasta nuestro continente vecino. Vistas amplias e impresionantes. Recuerdo que también soplaba un viento fuerte que no nos dejó mucho tiempo de observación de lo que se oteaba desde aquí.


Así que nos enfrentamos a nuestra última subida de la jornada. Se trataba de una subida entre piedras, pasando de unas a otras sin resbalar entre sus grietas. En poco tiempo alcanzamos su cumbre de 1.283m de altitud.




Buscamos un pequeño hueco al resguardo del viento y comimos en su cumbre, lógicamente, acompañado de una buena ración de fotos.




La bajada del pico la realizamos por un lugar diferente al de subida, buscando una pequeña vaguada, vertiente, canal, no sé cómo describirlo mejor, a través de la zona de Tajo Prieto.

Una vez alcanzado el llano, tras haber descendido del pico y atravesar un corto bosquete de árboles, caminamos buscando el inicio del arroyo de la Yedra.


Durante un trayecto, llaneamos, observando a nuestra izquierda, el pico Yedra a lo lejos y su collado, por donde aparecimos antes de subirlo y a nuestra espalda, el Cabra y el collado de los Lastonares.

Poco a poco nos fuimos internando en una pronunciada vaguada que formaba el arroyo de la Yedra, caminando por nuestra izquierda. Cogimos un senderillo relativamente marcado, cómodo de seguir, pero con el inconveniente de que cada vez se alejaba del cauce y tomaba cierta altitud, lo que nos obligó a dejarlo e ir en su busca, ya que el retorno que conocía era por el mismo cauce.



Próximos al arroyo, tuvimos que superar nuestra segunda valla del día. Buscamos un cómodo vano que, sin esfuerzo y sin estropear el vallado, logramos pasar y, donde conseguimos dar con otro senderillo que nos fue orientando. Caminábamos entre arbustos de majuelos “pinchosos” aunque el sendero nos proporcionaba los mejores trazados entre ellos. Luego, el problema se convirtió en una pronunciada pendiente lateral que, con la hierba húmeda,nos hacía mascar la tensión y pisar con sumo cuidado.

Pasados estos obstáculos nos encontramos con un pequeño barranco, de paredes verticales y zarzas en su lecho, pero con la suerte de que siempre existían apoyos cómodos y fiables (tengo que recordar que todo este tramo que estoy comentando, no es apto para cualquier persona. Hay que tener una mínima experiencia). Así, llegamos a una oquedad o abrigo, en la propia pared del barranco, usada por las cabras para reposar y refugiarse.



El resto del cañón lo fuimos pasando con cuidado de no resbalar ni caer en esa inmensa bola de pinchos vegetales que estaban aguardando un posible fallo. Tras pasar de un lado a otro, conseguimos superarlo y pasarlo, pero de nuevo nos encontramos con un otro vallado. Lo saltamos y ya, en campo abierto, sin mayores problemas, nos dirigimos dirección hacia la gasolinera. Pasamos por su trasera y, para acceder a la carretera, por supuesto: ¡! Otra valla ¡!






Menos mal que ya estábamos entrenados!!! Pues nada, a saltar nuestra última valla, con lo que por fin nos vimos en la carretera de servicio y donde estaba nuestro coche.

Dejada atrás la gasolinera, pasamos por la Venta de la Yedra ya sobre asfalto. Al rato, pasamos junto a la fuente de la Yedra, donde llenamos la botella de agua gracias a que, muy amablemente, nos permitieron colarnos, una pareja de ancianos que estaban llenando multitud de garrafas de 5 litros. A continuación pasamos junto al Hotel de la Sierra y, por fin, ... el coche!!!

Cambio de prendas y calzado y, por lo bien que se comportó Rodrigo, tiré dirección a Montellano para compensarle con un magnífico serranito y algo más, que luego cayó, aunque ello nos retrasara en 1 hora  la vuelta por no tirar por la autovía.


Pero mereció la pena ¡!

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




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martes, 3 de diciembre de 2013

CIRCULAR RUTA DE AGUAFRÍA, MONESTERIO ALTO DEL CASTILLO Y ALTO DE AGUAFRÍA MONESTERIO

Ruta realizada el día 26 de Octubre de 2013.

Fuimos, Pilar, Juan José, Conchi, Pepe, Espino, Eugenio, Mª José y yo, Antonio.

Nos trasladamos en esta ocasión, procedentes de Sevilla,  a Monesterio, pueblo extremeño situado próximo al límite con nuestra comunidad. Nada más entrar observamos una gasolinera a nuestra izquierda y, en frente, dejamos los coches.

Con todos los bártulos encima; esto es, mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, iniciamos nuestra ruta.

Callejeamos algo por Monesterio, por calles en pendiente, para ir calentando piernas y, una vez en su periferia, en su extrarradio, a la altura de la Ronda Fuentes de León, tras atravesar una calle asfaltada, tomamos por un camino de tierra que, mediante un cartel informativo, nos indicaba la dirección de la Ruta de Aguafría.


Se trataba de un camino limitado por muros y vallas que, en ocasiones, poseía mucha vegetación colgada de ellos, sobre todo zarzas, que en diferentes puntos lo estrechaba  bastante.

Dividía las diferentes fincas por las que fuimos pasando. Vimos varias yeguas al menos en un par de ellas.


Al mirar atrás se percibía perfectamente el pueblo ya que, suavemente, fuimos tomando altura. Durante el trayecto el firme era de hormigón hasta que pasó a tierra.


Pasamos a la altura de la Huerta Murcia y, más adelante, por la Majada de Alberto, al fondo y a nuestra derecha, se observaban también como granjas de animales y, al frente, la loma cubierta de árboles de toda la Sierra de Aguafría, donde nos dirigíamos.



Coincidimos con una carrera de bicicletas de montaña, que realizaban un recorrido que tuvimos que cruzar en varias ocasiones por diferentes puntos y, justo en el último cruce, se nos terminó nuestro camino y se fue convirtiendo paulatinamente en sendero.

Se incrementó la pendiente y nos fuimos internando en un bosque de pinos. Al principio parecía un cortafuego hasta que se convirtió en un bello sendero. Subíamos por la ladera de la Sierra de Aguafría.





A cada paso nos encontrábamos con diferentes tipos de setas, a cada cual más llamativa, con distintos colores e incluso vi varias, saliendo directamente de piñas caídas en el suelo.

De vez en cuando los pinos se mezclaban con Quercus y, en algunas zonas, se dejaba ver el paisaje entre ellos que, al estar a una cierta altura, se observaba con vistas amplias, la mayoría de las zonas  cubiertas por árboles de forma tupida.






Poco a poco fuimos subiendo y nos encontramos con zonas donde abundaban grandes bolos rocosos agrupados, como de granito pero de colores claros más que oscuros, hasta que dimos con un tramo de calzada, formada por piedras bien colocadas, que nos condujo a una especie de torre. Supongo que la conocen como el “Castillo”.









Se trataba de una construcción de piedras de dos plantas y una azotea transitable a la que se accedía desde una escalera de acero colocada por el exterior. Además poseía un saliente, en forma de balcón, con unas vistas fantásticas.




Toda ella se encontraba ubicada en lo alto del cerro denominado, Alto del Castillo de 1.007m de altitud, que tenía una pequeña explanada que, en esos momentos, cogimos completamente lleno de hierba corta, dando una sensación de manto  verde muy agradable.

Allí realizamos el segundo desayuno, en ese magnífico balcón. Tras la recarga energética, emprendimos de nuevo la marcha. Antes de comenzar a descender, Juan José y yo, recorrimos el otro extremo de esta elevación, entre grandes rocas, y llegamos a otro mirador, esta vez natural, con otras vistas inmejorables.








De nuevo entre pinares, al principio en bajada, para más tarde volver a subir a nuestro segundo cerro del día, el Alto de Aguafría de 1.079m de altitud.

Lo primero que nos encontramos fue una enorme torre, supongo que de observación contra incendios, y próxima a ella, un grupo de antenas y el gran poste geodésico.




Tras las fotos, decidimos comer. No sé si vinimos a caminar o a ponernos morados, el caso es que buscamos un conjunto de rocas donde nos tomamos unos suculentos bocatas con latas de cervezas. Nada!!! Todo un banquete!!!






Tras este nuevo parón, reanudamos la marcha y caminamos por el bosque, que pasó a ser de castaños, y enseguida dimos con el camino. Realizábamos un trazado circular y pretendíamos llegar a Monesterio pero por otras calles diferentes a la de la salida.







Comenzamos de nuevo a pasar entre fincas. Pasamos cerca de la Casilla de Chavero, próximos a la Casilla de la Rosa y, cuando el camino describía una curva bordeando el cerro de la Fuente, conectamos con la Vereda de Arroyomolinos. Caminando por ella, ya cerca y en dirección al pueblo, caminamos junto a unas inmensas pocilgas, donde lechones y sus madres estaban la mar de augustito tomando el sol.



Por esta zona creo recordar ver letreros que indicaban la dirección de Tentudía. Al momento pasamos por debajo de la carretera mediante un corto túnel, todo él, decorado por pintadas y escritos poéticos.

Entramos en las primeras calles del pueblo, pasamos junto a un centro educativo y, al desembocar en una amplia plaza, nos tomamos en el bar de la esquina un cafelito reconfortante. Desde luego el alimento en esta ruta no faltó en ningún momento!!! En la misma plaza existía una fuente con un largo abrevadero muy llamativo.



Ya sólo nos quedó coger algunas calles más y dar con los vehículos.


El apartado negativo del día fue que nuestra compañera Conchi tuvo la desgracia de perder el móvil, el cual no pudimos encontrar a pesar de los esfuerzos que realizamos, incluido el llegar de nuevo casi al Alto de Aguafría para ver si dábamos con él.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:



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