lunes, 13 de mayo de 2013

CIRCULAR POR LA CRESTERÍA DE LA SIERRA DE LAS VIÑAS. VILLALUENGA DEL ROSARIO


Ruta realizada el 23 Abril 2013.

Fuimos Patxi, Juan José y yo, Antonio, el que les escribe.

Le teníamos ganas a esa cordal que siempre divisábamos cada vez que realizábamos una ruta por la zona, pero que, hasta el día de hoy no tuvimos la posibilidad de hacer.

Pero llegó el día, y nuestro proyecto se iba a ser realidad. Todo un sendero por descubrir. Qué sorpresas nos depararía?.

Procedentes de Benaocaz, con dirección a Villaluenga, dejamos nuestro vehículo en el área acampada del Cintillo y, por el camino de Aguanueva, al principio hormigonado, 



subimos hasta un balcón natural donde contemplamos la falla del Saltadero (tremendos cortados) y el cerro de los Batanes como máxima elevación, no sin antes haber pasado una portilla o angarilla como por aquí se dice.



Pasamos al lado de una torre pantalla y, tras abrir una segunda portilla, el camino se transforma en senda y, mediante algunos zig-zag, nos deja en lo alto de la plataforma, una amplia meseta desde la que se contempla Ubrique, perfectamente, a vista de pájaro.


Una vez allí, comenzaba lo bueno!! Para lo que realmente habíamos venido!! El ir subiendo a todos y cada uno de los picos que componían esa magnífica cordal que, al principio, creíamos que iba a ser más un paseo que otra cosa pues intuíamos que, en su parte superior, nos encontraríamos con suaves lomas para ir de unas a otras. La realidad fue otra bien diferente.





De entrada enfilamos la primera elevación que se observaba. Aunque seguíamos un sendero, era algo confuso por la gran cantidad de plantas y vegetación existente.


El sendero nos depositó en otra plataforma superior. Era como un pequeño valle a una cota superior. Las vistas desde aquí, magníficas!! Se veía claramente la sierra de la Silla con sus picos más representativos, así como toda su crestería, junto a otros.

A partir de aquí, ya sin sendero claro y continuo, utilizando en lo posible los de cabras u otros animales pero con un cómodo caminar, fuimos subiendo para ir coronándolo.

Con intuición montañera, buscando los mejores y más claros pasos y, por supuesto, gozando de este maravilloso espectáculo de caminar sin tener todo asegurado para conseguir el objetivo final, fuimos poco a poco progresando hasta alcanzar nuestra primera meta.



Estábamos sobre el cerro del Atochar, según el IGN. Desde aquí veíamos un precioso aljibe circular y de cubiertas de tejar colocadas de forma cónica y con una larga pileta de tres tramos. 




Para allá nos dirigimos, de todas formas para seguir la cordal había que hacerlo. No quedaba otro remedio.

Comenzamos a comprender que el proyecto iniciado, aparte de no tratarse de ligeras lomitas como pensamos en un principio, se nos iba a convertir en una dura empresa. Una auténtica ruta rompepiernas!!

En el mismo aljibe, el de siempre, con hambre a todas horas, nos obligó a picar algo en este hermoso lugar donde, junto con el fantástico día que tuvimos, fue una delicia parar y reponer fuerzas.




Ahora tocaba subir al siguiente. Su subida se iniciaba cerca de la construcción y, entre rocas, vegetación y tramos de tierra fuimos superando sus obstáculos hasta estar de nuevo en otro punto alto de la cordal, El Saltillo.









Desde aquí, nuestro siguiente objetivo lo teníamos en nuestras retinas. Por supuesto, había que bajar de nuevo para, posteriormente, hacer lo contrario. Esa fue la rutina del día.

Bajo la sombra de unos arbolillos decidimos la mejor forma de bajar, por dónde y por qué parte atacar al siguiente.




Nuestra siguiente elevación se trataba de una superficie amplia, con una gran anchura por donde poder caminar y que, solo al final, para subir a su cumbre, nos presentaría una barrera pétrea.


En poco tiempo estuvimos pisándola y, por lo tanto, sobre ella, acto seguido, coronamos la siguiente, ligeramente más baja que esta última.





Allí comimos a la sombra de un grupillos de pequeños árboles, y con un vientecillo fresco que corría muy agradable y reconfortante. Planificamos el resto de la ruta mientras tanto.

Desde ella se observaban pequeñas edificaciones. Una de ellas, otro aljibe y un pequeño caserío. No bajamos porque, en esta ocasión, nuestro rumbo era otro y no teníamos ni idea de qué era lo que nos quedaba por superar ni el tiempo que íbamos a necesitar.







Bajamos directamente hacia el camino que sube de la propia Manga de Villaluenga y se interna en esta sierra de las Viñas pasando por varios aljibes y la casa del Chaparral. Nos encontrábamos en el Puerto de los Majanos del Aguilar.

Estudiamos el mejor paso y, sin pensarlo mucho, tiramos para arriba entre los diferentes bloques de piedras.

Aprovechando las salientes hendiduras y pequeñas chimeneas, conseguimos trepar a lo alto del primer promontorio calizo. Las vistas del pueblo de Villaluenga eran indescriptibles desde aquí, con su curiosa plaza de toros rectangular y la Iglesia en ruinas que posee el cementerio del pueblo.












Sin tregua, nos dirigimos a nuestra siguiente elevación subiendo por zonas algo comprometidas y pasando por cordales estrechas pero gozando, en todo momento, de unas vistas salvajes e impresionantes y, desde luego y ante todo, gozando al cien por cien de esta atrayente actividad que es el senderismo, si es que lo que hacemos se puede llamar así.







Los roquedos a veces terminaban en unos pequeños pero bellos llanos verdes tupidos de hierba. Eran como rincones secretos dentro de esa masa gris pétrea que formaban las rocas calizas.








Tras cubrir el último pico de la crestería nos encontramos con un mar de árboles con un bosque denso y tupido que había que atravesar, ¿se nos acabaría aquí nuestra aventura?¿No lograríamos llegar al extremo final de nuestra cordal? Se nos plantearon estas dudas pero, para averiguarlo, lo mejor sería seguir avanzando y cruzarlo para saberlo 



y ... ,cuál fue nuestra sorpresa cuando, de momento, dimos con un sendero magníficamente claro que era utilizado para labores de mantenimiento del bosque. Nos encontramos con varios bloques apilados de troncos cortados y el temor inicial se fue transformando en júbilo y alegría de no sólo poder terminar nuestro objetivo, sino el de terminarlo de la forma más fácil y bonita que nunca podríamos haber adivinado.


Tras sufrir (aunque a nosotros eso es lo que más nos motiva) un sube y baja infernal entre rocas, terminamos por un bello y relajante sendero que nos condujo a una angarilla que nos dejaba en la Vía Pecuaria “con ese corto nombre, que no voy a repetir” y, al momento, en el aparcamiento o, mejor dicho, ensanchamiento del Puerto de las Viñas.


Sólo nos quedaba caminar por el carril hormigonado hacia Villaluenga en sentido descendente, lo que nos vino estupendamente como estiramiento muscular para las piernas.






Una vez en el pueblo, a la altura de la quesería Payoyo y, aun con una calor de justicia, mis dos compañeros se rajaron y no quisieron ir al coche caminando, sino haciendo autostop, ¡ Qué sacrilegio ¡ senderistas nosotros ¿?

Menos mal que les animé a tomarnos en el bar que han abierto (por cierto, con mucha vista) allí al lado, unas cervezas bien fresquitas y sus tapas correspondientes y, eso les hizo recapacitar.

La verdad es que, mientras estuvimos sentados a la sombra con estas frescas rubias, el sol se puso y la Manga  ya no era un foco de calor así que, tras el refrigerio, caminamos a por el coche. Un tramo por carretera y otro por la calzada medieval que la recorre.



Esta vez nos fuimos directamente hacia Sevilla ya que, para el siguiente día, había que trabajar.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




 Si quieres descargar el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace:

martes, 7 de mayo de 2013

CIRCULAR LLANOS DE LA NAVA- RÍO BAILÓN-CHORRERAS


Ruta realizada el 13 Abril 2013.

Fuimos Mª José y yo, Antonio, el que les relata.

Teníamos ganas de patear, pero no buscábamos una ruta muy exigente, así que se me encendió la bombilla y le propuse a Mª José, tirar para las Sierras Subbéticas, dirección a Cabra y ver todo el valle de la Nava que ella no conocía y que yo visité hace algo más de 15 días, suponiendo que íbamos a ver las chorreras en pleno apogeo y máximo esplendor.

Tomamos la autovía de Málaga y, a la altura de Estepa, nos desviamos hacia Herrera, Puente Genil, Lucena y, bastante antes de llegar a Carcabuey, nos desviamos a nuestra izquierda, hacia la ermita de Nuestra Señora de la Sierra, no sin antes pararnos en la venta y tomarnos un buen café con unas tostadas con jamón que no se lo salta un galgo.

Dejamos el coche en el lateral del camino que baja hasta el cortijo de la Virgen, sin sobrepasar la cancela que prohíbe el paso a todo vehículo ajeno a los de los propietarios de las fincas.

Mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, iniciamos nuestro recorrido circular.

Nada más empezar recortamos el carril tirando por un sendero que baja directamente hacia el citado cortijo. Una vez allí, y ya por camino, anduvimos flanqueados en todo momento por una valla de madera a nuestra derecha donde se apreciaba, a lo lejos, el pico más alto de la zona, El Lobatejo, con sus 1.379 m. (que ya en su día coroné) y, por nuestra izquierda había una especie de cuneta completamente llena de agua y con mucha vegetación flotante.





Pasamos el río Bailón y continuamos por una llanura enorme, a nuestra izquierda más salvaje y a nuestra derecha como más doméstica, con sus ovejas y luego sus cabritas.



Dejamos a nuestra derecha y, algo retirado respecto al camino, el cortijo  Casa del Pilar.
Al fondo del camino se observaba una especie de puente para superar de nuevo el río Bailón. Íbamos por la Vereda Marchiniega, pero nos desviamos antes, a nuestra derecha, y tomamos por un tramo algo más retirado del camino principal que parecía la calle Sierpes en horario de tiendas. Había muchísimas personas ese día paseando por la zona.


Después enfilamos directamente hacia el río Bailón porque quería buscar el punto exacto por donde lo cruzamos en la anterior ruta que hicimos por la zona.


La verdad es que me sorprendí al ver que el cauce, en algo más de 15 días, había menguado a la mitad. El lugar por donde lo cruzamos aquel día, procedentes del pueblo de Zuheros, era de otra forma. La hilera de grandes piedras alineadas para usarlas como paso estaban bastante más confundidas con el agua del río que como nos la encontramos, esbeltas y poderosas sobre el lecho acuático del Bailón.




De todas formas, aún conservaba grandes capas superficiales de agua por todas las llanuras por donde pasábamos.

Nos dirigimos entonces hacia nuestra primera chorrera, atravesando una vasta extensión de terreno y siguiendo el curso algo más disminuido del arroyo que alimentaba.

Al llegar a ella, me costó hacer alguna foto dónde sólo apareciera Mª José y de fondo la chorrera por la multitud de personas allí ubicadas.



Subimos por las rocas dejando la caída de agua a nuestra izquierda y nos situamos en su nivel superior.


Seguimos el curso del agua entre un bosquete muy tupido, de mediano porte y forrado de musgo con unas tonalidades de verde preciosas.



Al fondo se percibía la segunda chorrera, para mi gusto algo más espectacular que la primera.

Fotos a mogollón, incluso algunas, a las oquedades que se forman detrás de la cortina de agua al caer y que sirvieron de "lugar con encanto" para posar en ellas.



Tras tomarnos algunas frutas en este bello paraje, proseguimos con nuestra ruta, subimos al nivel superior de la chorrera y continuamos paralelos al cauce.




Llegamos a una pequeña ruptura del terreno donde, en algunos blogs, he leído que se trata del nacimiento del arroyo, (supongo que será en épocas de sequía, ya que el arroyo seguía su curso más allá). 


En este punto nos encontrábamos de nuevo en una zona relativamente llana, a nuestra derecha y al fondo, con un vallado y, a nuestra izquierda, hacia donde nos dirigimos, se encontraban las canteras, que fuimos a visitar para ver la multitud de fósiles que existen en este lugar.



Regresamos por la misma dirección de ida. Dejando una valla a nuestra izquierda, nos encontramos con una portilla pero, no teníamos claro si ese era el camino a seguir para continuar con la circular así que, decidimos dejarlo y seguir andando.

Nos encontramos con unas ruinas, supongo que se trataba del cortijo de Don Francisco Camacho, y llegamos hasta la valla que comentamos antes que se observaba al fondo. 


La pasamos por una zona que estaba volcada (parece que por la crecida del arroyo) pues  estaba con mucha maleza colgada entre los alambres pero, al caminar por la zona, nos dimos cuenta que el único camino factible era el que dejamos atrás y que la portilla nos cerraba.

Volvimos a superar la valla por un lugar cómodo y pasamos la portilla.

Caminábamos por la Colada de las Pilas al Vadillo por un sendero que no era difícil seguir. Nos encontramos con una fuente que vertía un gran caño de agua fresca a una enorme, larga y rectangular pileta. Según el IGN, Fuente de las Pilas.


Proseguimos nuestra andadura y observamos que mediante una cancela podíamos ir dirección a un claro carril de tierra que terminaba en el cortijo del Dornajuelo pero, ante la duda de no saber si ese era el camino correcto, decidimos seguir por el sendero. 


A la altura del siguiente cortijo, vimos otra cancela por donde podíamos pasar y, esta vez, así lo hicimos, pues no sabíamos hacia donde nos llevaría el sendero que seguíamos (una vez visualizado el track sobre el mapa, me he dado cuenta que si lo podía haber seguido en su totalidad)



Conectamos con el carril llamado Colada del Camino de Doña Mencía a Carcabuey  y pasamos junto a unas ruinas y, a partir de ellas, en descenso suave y entre vallados con carteles que nos indicaban que caminásemos por el carril sin tomar ningún atajo bajo posible reclamación legal si así se hiciese, llegamos a otra fuente con un diseño, para mi gusto precioso. 




Una gran pileta rectangular que vertía sus aguas de forma escalonada sobre otras tres piletas pero mucho más pequeñas y circulares. Allí nos paramos un rato fotografiándonos con ella.


Junto a la fuente se hallaban los cortijos de Navazuelo y otro junto al que tuvimos que pasar al girar 90º para tomar la dirección hacia donde habíamos dejado nuestro turismo. Ahora caminábamos por el Camino de la Nava.



Este tramo fue el más feo del recorrido ya que se trataba de un camino de tierra por el que circulaban automóviles y  4x4 de los empleados de las fincas colindantes, perdiendo algo de encanto.

Pasamos algunos otros cortijos, como el de los Benítez, una Yeguada y, antes de conectar con el camino de inicio del sendero, nos topamos con nuestra última fuente del recorrido, una sucesión de piletas, unas a continuación de otra.






Ya de vuelta, y por el tramo de ida, nos quedó subir algo y llegar a nuestro coche donde, tras el cambio de calzado y tomarnos las últimas frutas que llevábamos, dimos punto y final a nuestra ruta circular.

Esta vez nos saltamos el bar de Montellano, a nuestro pesar, por regresar con algo de prisas.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




Si quieres el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace:

http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=4441319