jueves, 15 de mayo de 2014

Subida a los Bonales y Tentudía. Máxima elevación de Huelva y Badajoz respectivamente

Ruta realizada el día 19 de Enero de 2.014.

Fuimos Mª José y yo, Antonio, por estar con mala climatología en otros lugares, a darnos un paseo por el campo (teníamos el “mono”) y, ya de camino, subir al Tentudía para ir anotando los diferentes picos más altos de cada provincia española. Alguno tiene que ser el primero, je,je…

Procedentes de Sevilla y por la autovía de la Plata, llegamos enseguida a Monesterio, ya de Badajoz, y por la autonómica extremeña, hasta Calera de León. De aquí hasta Cabeza de Vaca tiramos por la comarcal que las une, pasando por Tentudía pero sin llegar a subir a su monasterio, dejando el cruce a la izquierda y aparcando el vehículo justo en el Puerto de los Ciegos donde daremos inicio a nuestro trazado corto y en ocho.


Con mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, iniciamos la subida desde el citado Puerto hasta Los Bonales, primer objetivo proyectado.

Se trataba de una subida suave, al principio por terreno despejado y completamente lleno de hierba para, en su parte superior, atravesar un espeso bosque de robles de muy pequeño porte pero, a la vez, muy divertido y encantador.




Las vistas iban siendo amplias. Mayoritariamente cerros redondeados.

Veíamos el cerro de Tentudía a nuestras espaldas, próximo objetivo en nuestro trazado.


De vez en cuando se veía algún tipo de setas. Ésta de la fotografía tengo entendido que es comestible aunque la pinta no indique lo mismo. De todas formas, entiendo poco de micología, así que no os fiéis.


En la parte alta del cerro, nos topamos con un vallado compuesto de un minúsculo murete de piedra y coronado por una alambrada que, en algunos vanos era muy fácil de superar. Así lo hicimos para alcanzar el primero de los Bonales, el Oriental, de 1.059 m de altitud, techo de la provincia de Huelva (aunque, he leído en algunos artículos, que no estaba claro si pertenecían a Badajoz). Deben estar en el límite regional e interprovincial. Por si acaso, pisamos el segundo de los Bonales, el Occidental, de menor cota, 1.053 m de altitud, tras caminar junto a un agradable pinar.








Tras las fotografías de rigor, atestiguando nuestra presencia en Los Bonales, iniciamos el regreso, por el mismo trazado por el que subimos, hasta alcanzar de nuevo el coche.





A partir de aquí, tomamos por el exterior de la carretera, por su lado izquierdo, paralela a ella. Observamos otros tipos de setas.




Anduvimos un kilómetro aproximadamente, la atravesamos y conectamos con un carril de tierra en el que, tras abrir una gran cancela, nos encontramos, unos metros más adelante, con varios carteles señalizadores. 


Dos de ellos indicaban en la dirección del camino. Uno ponía, Ruta del Paraje del Moro y el otro indicaba Bajada a Rutas. Enfrente de ellos, un tercero, indicaba la subida al Monasterio por una especie de cortafuegos en buena pendiente y perpendicular al camino que traíamos.


En nuestra subida, tuvimos que atravesar la carretera comarcal que sube al monasterio. Antes de llegar nos fotografiamos junto a unas ruinas ubicadas en un mirador natural excepcional.



Ya casi sin pendiente, divisamos al fondo la edificación del monasterio y un grupo de ovejas pastando por los alrededores.


Recorrimos todo el entorno en el que se encuentra ubicado el monasterio, nos retratamos junto a la Cruz metálica tomándola como poste geodésico, en los carteles informativos, en las figuras de los constructores (donde colocábamos nuestro rostro) y en los diferentes elemento arquitectónicos del propio monasterio.







Una vez estudiado su exterior en profundidad, nos decidimos a pasar a su interior y, tras abonar un euro por barba (dinero destinado a su rehabilitación), pasamos a su patio interior que estaba, además de acristalado para no poder entrar en él e impedir la entrada de viento y frío, rodeado en todo su perímetro por una arquería de medio punto realizada en ladrillos.




Poseía un gran pozo central y el único departamento que se podía visitar era la capilla y sus laterales donde nos encontramos con la capilla fúnebre, lugar de enterramiento de los Maestros Santiaguistas del siglo XIV, Fernando Osores y Gonzálo Merias, y García Fernández, Camarero Mayor de Enrique II.



La capilla principal tenía un retablo cerámico, situado a la espalda de la Virgen, realizado por el ceramista y azulejero italiano, Niculoso Pisano.


En otra sala contigua fotografiamos otro retablo cerámico más, aunque estaba a oscuras y tuvimos que emplear el flash.




Terminamos el recorrido interior y nos fotografiamos de nuevo junto a nuestro improvisado “poste geodésico”, atestiguando los 1.112 m de altitud del cerro de Tentudía pisados por nuestras botas. Techo de Badajoz, nuestro primer pico de mayor altura provincial fuera de nuestra región andaluza.


Nada!!! Tendré que incorporarle al blog otro apartadito para este menester!!!

Bajamos por el mismo camino de subida pero, para terminar con algo diferente, decidimos subir a lo alto del cerro, de 1.048 m de altitud según el IGN, por la zona de El Labrado, donde había unas antenas de comunicaciones.




Mientras subíamos, veíamos como el viento meneaba a todos los árboles y los zarandeaba como si no le costase trabajo alguno. Era curioso contemplarlos. Era como un ballet de árboles.

En lo alto del cerro tuvimos dos espectadores algo inquietos. Corrían cuando nos parábamos y se quedaban quietos cuando caminábamos. Se trataba de unos equinos.


La bajada del cerro la hicimos por una especie de cortafuego con una alambrada a nuestra derecha, que nos acompañó todo el tiempo, hasta que nos topamos con otra que nos cortaba el paso pero que tenía una zona para poderla sortear.


Ya sólo nos quedó enfilar hacia el coche al que llegamos, casi de inmediato, regresando bastante temprano a casa. Al menos, pateamos algo y rompimos la rutina casera.


DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




Si quieres el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace:

miércoles, 7 de mayo de 2014

Circular por la sierra de Esparteros. Morón de la Frontera

Ruta realizada el día 12 de Enero del año 2.014.

Fuimos Juan José y yo, Antonio.

Procedentes de Alcalá de Guadaira, pasamos Morón de la Frontera, donde dimos buena cuenta de un suculento desayuno y, desviándonos por la carretera que lo une con Montellano, tomamos nuestro primer contacto visual con la elevación que pretendíamos realizar.

Se trata de una elevación aislada de cualquier otra, en forma alargada, formando una larga y preciosa cordal y donde llamaba ostensiblemente la atención un inmenso bocado artificial de color blanquecino producido por la cantera de extracción de la roca caliza para la elaboración de la cal.

Dejamos el vehículo junto a la Venta Guadaira, situada junto a la carretera y en la base de la falda de la sierra de Esparteros.

Con mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, iniciamos nuestra empresa caminando por un sendero paralelo a la carretera, y entre un pequeño pinar, hasta alcanzar la Ermita de Gracia, donde giramos bruscamente para tomar, en corta pero fuerte pendiente, un tramo que atravesó un carril y nos llevó a la conexión con el sendero de subida, claro y marcado.

La pendiente se suavizó e iba bordeando la ladera, subiendo de forma cómoda, desde donde se observaba la gran fábrica de cal funcionando constantemente y, toda ella cubierta de una gran manto blanco, así como parte del pueblo de Morón.


Tras un rato de caminata, llegamos a las ruinas de una especie de cortijo con su muro de piedra para el ganado. Según el IGN, la Casilla del Durán. He leído en algunos blogs que también le llaman la casa del Pastor.




Las vistas de las diferentes sierras del alrededor, extraordinarias como todo su entorno.


A partir de este punto comenzó la parte más dura del recorrido- Nos encontrábamos situados sobre la misma cordal y ascendiendo hasta su punto más elevado.

Entre algarrobos, olivos, palmitos y otras plantas íbamos superando el marcado desnivel hasta que alcanzamos una nueva edificación derruida muy próxima a su poste geodésico.





Prácticamente arriba, existían varios miradores naturales desde donde se intuían grandes tajos bajo ellos.


Fotos en la cumbre del Esparteros con sus 585m de altitud y, acto seguido, continuamos por la cordal dirección al extremo opuesto.


No existía un sendero claro, por no decir que no había sendero. Utilizábamos los montículos rocosos para ir avanzando y senderillos de cabras para sortear la vegetación que, a veces, se tornaba espesa y apelmazada.

Prácticamente por la divisoria de ambas laderas, teníamos unas vistas excepcionales en muchos puntos del recorrido.







En esta ocasión no vimos ni una sola cabra montesa, aunque la semana pasada, si vimos un nutrido grupo de ellas.




Tras un buen tramo recorrido, pasamos un vallado por un vado que estaba cortado y abierto su paso. Aún se veía lejos el otro extremo de esta larga cordal.


Se fue complicando algo más el caminar por la cumbre aunque íbamos salvando todos los escollos con gran destreza y habilidad, buscando siempre los mejores  y más continuos pasos.

De repente, nos dimos cuenta que caminábamos por encima de la gran cantera nueva. Había una entrada a la misma desde esta zona superior, justo donde un vallado protegía unas antenas con unas placas fotovoltaicas y su cuadro de mando, así que aprovechamos y anduvimos algo por su parte superior observando, a vista de pájaro, todos sus pisos y los camiones y palas que utilizaban.










Una vez bicheada parte de la cantera, continuamos con nuestra larga cordal encontrando una tercera y última edificación derruida.


Ya si teníamos cerca de nuestro alcance el último pico de esta crestería que, en poco tiempo, pisamos convenientemente.

Sobre la cumbre del cerro del Puntal, con sus 466m de altitud, nos tomamos unas frutas y debatimos sobre por dónde y cómo bajar de esta sierra.








Llevábamos cargado en el Gps un track de bajada por la ladera Sur que, a medida que iba bajando, iba bordeando paulatinamente la ladera hasta desembocar por la cara Norte y dejarnos en la carretera  pero nosotros, tras una detenida exploración y observación, decidimos bajar directamente por la ladera Norte.

La bajada, campo a través, con gran inclinación y ayudándote de las ramas de arbustos y plantas recias para apoyarte y asegurarte en el descenso, la hicimos de forma rápida, no sin poner toda la precaución posible ya que las rocas, la mayoría llenas de musgo y muy resbaladizas, no aseguraban para nada la fijación de las suelas Vibram de nuestras botas sobre ellas.



Una vez abajo, en su base, visitamos una de las muchas canteras abandonadas que horadan la ladera Norte del macizo, utilizada como vertedero de neumáticos y electrodomésticos que afeaban y estropeaban enormemente lo bello del recorrido realizado hasta entonces.



Alcanzamos la carretera y anduvimos un trayecto por ella, la atravesamos y nos internamos por la Aldea de las Caleras de la Sierra donde se veían almacenes con grandes sacas llenas de cal y varios hornos ya en desuso, Se trataba de casas de trabajadores.



Terminamos nuestra ruta caminando por el arcén de la carretera donde nos encontramos con grandes hornos de cal y con el combustible con el que los hacían funcionar: raíces.




Una vez en el coche, cambio de calzado y para nuestro pueblo a tomarnos unas cervezas, que mi compañero Juan José estaba obstinado en dormir una placentera siesta dominguera y, por ello, me llevó todo el recorrido sin aliento.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




Si quieres el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace: