viernes, 22 de septiembre de 2017

Circular de subida al Puntal de 7 Lagunas desde Trevélez y regreso por el río de nombre homónimo

Ruta realizada el día 2 de Julio del 2015

Fuimos Mª José y yo, Antonio, al pueblo de Trevelez, a realizar un proyecto algo pretensioso, ya que acabó siendo una ruta, larga, dura, pero a la vez, preciosa y llamativa. Dos eran los objetivos a realizar ese día, uno, subir al Puntal de las Siete Lagunas, tres mil que se me había quedado por subir en esa zona y este día era el momento de realizarlo, y el segundo, intentar terminar la circular, por el cauce del río Trevelez, a partir de la Junta de los Ríos, que al final resultó, súper curiosa y sorprendente.

Partimos temprano desde el pueblo de Trevelez, por la clásica ruta, descrita en anteriores entradas, que une la población con la zona de las Siete Lagunas, pasando por la Campiñuela. Larga subida que he repetido en innumerables ocasiones.










Alcanzada su primera laguna, la Hondera, nos sentamos junto a su orilla y a pesar de que nos mojábamos algo, era un relax tal, que estuvimos un rato impregnándonos de ese entorno y esa tranquilidad, al final, buscamos unas rocas, porque terminábamos calados.














Tras el merecido descanso, proseguimos con la ruta, con dirección hacia la última de sus lagunas, La Altera. Al principio, por una esponjosa alfombra de hierbas, que pronto se transformó en un mar de caóticas lascas pétreas, como firme.

Caminábamos entre las diferentes lagunas que quedaban a uno y otro lado de nosotros con el esbelto Puntal a conquistar, en el fondo.

Se trataba de un recorrido cómodo de caminar, en continuo y suave ascenso, ya que se trata como de diferentes terrazas a superar con algo de desnivel entre ellas. A medida que nos íbamos internando en el circo de las Siete Lagunas, encerrados entre las paredes del Mulhacén a nuestra izquierda y las del Globo a nuestra Derecha, una al Sur y la otra al Norte respectivamente, nos fuimos encontrando con diferentes neveros, los últimos que perduraban este año.





A la altura de la última laguna, el desnivel se fue acentuando y el amasijo de rocas acumuladas era mayor. Un desdibujado senderillo nos orientaba hacia el collado de Siete Lagunas. Pasamos por lo alto de un inclinadísimo nevero que formaba en su pie un enorme charco, parecido a una de las lagunas de la zona.

Desde esta posición, teníamos a vista de pájaro, el nevero que alimentaba la Laguna Altera, rompiéndose sobre la misma.


Solo nos quedó subir por una pendiente fuerte y resbaladiza, por estar compuesta principalmente de pequeños granos de rocas sueltos, pero apoyándonos en las rocas grandes y buscando los mejores lugares para asentar bien las botas, logramos acceder a la línea divisoria.

En la subida, fastidiamos a un gran macho montés, que echado tranquilamente sobre una gran roca, calentándose con el tibio sol reinante, observaba nuestros progresos, pero viendo que nos acercábamos, no tuvo otro remedio que levantarse de su lugar.


En pleno collado las vistas eran espectaculares, toda la cara Norte abrupta del Mulhacén, el collado de la Mosca, el Puntal de la Caldera, el Juego de Bolos y todas las elevaciones hasta el Veleta, entre muchas más. Era impresionante. Por supuesto la perspectiva sobre la zona de las Siete Lagunas, inmejorable, así como hacia la zona de la Alcazaba.

Ese lugar no tenía desperdicios ninguno.









El Puntal lo teníamos al lado, Mª José prefirió quedarse en el privilegiado lugar, picando algo, mientras yo me dispuse a subir a la elevación, para apuntarme un nuevo tres mil en mi cuenta particular.

En un momento me encontré en lo alto, es cuando divisé perfectamente la laguna de la Mosca.

Pisado el Puntal de Siete Lagunas, con sus 3.251m de altitud, otro más para el bote.

Si eran espectaculares las vistas desde el collado, imaginaros desde lo alto de esta cumbre, una pasada!!!








Baje junto a Mª José, piqué una fruta y enseguida continuamos, ya que sabía que la ruta, casi acababa de comenzar. Recorrimos por el mismo camino de ida toda la zona de las lagunas, hasta que alcanzamos de nuevo, la laguna Hondera, pero no llegamos a la senda por la que se sube a ella por las Chorreras Negras, si no, que nos desviamos algo antes, buscando la Piedra del Yunque, pasando por las Praderas de las Morras y por un sendero perfectamente marcado.

Este sendero nos llevó a la Loma de la Alcazaba y dimos con la peculiar piedra, donde cayeron algunas fotos, también al divisar el grandioso barranco del Goterón. Buenos recuerdos de otra magnífica ruta, donde alcanzamos el Puntal de Vácares.













Por si te interesa, te dejo el enlace:


Proseguimos por la larga Loma, por su divisoria, creo recordar que en esos momentos, sin sendero, pero de un fácil caminar, bajando de cota, suave y progresivamente y con la vista de la enorme mole que era la ladera contraria a la nuestra y que forma el Barranco de Trevelez.

Comenzamos a coger cada vez mayor pendiente descendiente y el terreno algo más incomodo, sorteando plantas de bajo porte, además de desviarnos de dirección, para acomodarnos mejor al relieve del terreno y orientarnos algo más alineados a la Junta de los Ríos, que era nuestro siguiente objetivo a localizar.



Salvamos la acequia del Cura, que la saltamos y pretendíamos seguir en esa dirección, a pesar de que lo que veíamos delante nuestra, era una zona algo escarpada, aunque con posibilidades de paso, pero un lugareño que pasaba montado en su caballo, con dirección hacia Trevelez, nos indicó un lugar más idóneo.

Le hicimos caso, pasamos la portilla existente en la senda que cerraba el paso a nosotros y al caballista.

Las indicaciones fueron claras, pero básicas y cuando estuvimos en el "fregao" de bajar por esa zona, sin track orientativo, aunque teniendo claro el lugar a llegar, no se trató de un paseo de rosas.

Había muchas plantas de mediano porte, arbustos, muchos pinchosos y sin sendero. Localizábamos tramos de sendas que nos ayudaban a avanzar, aunque terminaban cortándose, pero con paciencia y habilidad descendimos toda la loma hasta alcanzar las aguas del río Trevelez, eso sí, tras superar un vallado que no supuso problemas.

Toda la zona del río era un vergel, plantas de rivera altísimas, aunque en poca extensión, menos mal. Como pudimos, lo atravesamos y pasamos a la orilla contraria hasta conectar con el claro sendero, que nos llevó a un pequeño y deteriorado puentecillo que salvaba el río Puerto, tributario del Trevelez.







Pasado el puente, aún tuvimos un corto momento de titubeo con la senda, ya que de nuevo las plantas lo envolvían todo y perdías toda la orientación, pero en ese momento pasaron dos personas a caballo y seguimos su trayectoria, que rápidamente, nos dejó en el claro y marcado sendero que nos llevó sin lugar a pérdida, a la población.

Ascendimos un corto tramo del sendero y sobre unos riscos nos tomamos un nuevo respiro, picamos algo y continuamos, ya que me temía que la noche nos pudiera alcanzar antes de finalizar el itinerario. A Mª José le hubiera gustado un largo rato de descanso, estaba algo agotada, pero ante lo desconocido del resto de la ruta, prefería seguir por si nos encontráramos alguna que otra sorpresa.




Al final resultó un tramo de lo más curioso, llamativo y bello, lástima que llevábamos el "turbo puesto", y no pudimos gozarlo plenamente como merecía.

Llegó un momento donde conectamos con el curso fluvial, al principio caminábamos a cierta cota, es más, lo tuvimos que cruzar en varias ocasiones, mediante diferentes puentes. Se trataba de un precioso barranco, donde de vez en cuando, veías diferentes aportes de agua que resbalaban por las laderas.






Lo que más me llamó la atención, es que comenzamos a tener que andar sobre la senda completamente anegada, como si de una acequia se tratase. Al principio, intentabas pisar con cuidado para no mojarte las botas y que el agua no entrase en ellas, pero fueron tantas las veces que la senda era un pequeño río y que íbamos a un buen ritmo para intentar llegar lo antes posible, que al menos yo, me olvidé del agua y terminé con las botas empapadas por dentro y por fuera. Pero ese sendero me encantó.








Al final, terminamos por un carril, que nos llevó a las casas de Trevelez a la altura del pueblo medio, con una tenue luz, que se terminó convirtiendo en noche oscura en sus calles.




Ducha y disparados al restaurante "El Goterón", en su magnífica terraza.


DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




Si quieres el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace:

https://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=19852587