viernes, 12 de enero de 2018

Circular de subida a Peña Rueda desde Lindes, regreso por la Foz Grande

Ruta realizada el día 26 de Agosto del 2015.

Nuestra gran segunda ruta, en nuestra segunda subida este verano a Asturias.

Desde Tineo, dónde nos hospedábamos, salimos hacia la autovía que lo une con Oviedo, antes de llegar a la ciudad, nos desviamos para tomar la autonómica que pasando por Trubia, nos llevaría a Pola de Lena, pero mucho antes de esta última localidad y por una comarcal, terminamos en Lindes, última población y donde terminaría la carretera. Curiosa población, por llamarle algo, ya que prácticamente, toda ella estaba abandonada, pocas personas vivían allí.


A la vuelta del recorrido, terminamos en el único bar existente, una habitación con barra, chimenea y un señor muy amable y cordial, que nos dio unos botellines, contándonos curiosas historias, incluida la de que todo el pueblo de Lindes lo había comprado un acaudalado capitalista.

Bueno, aparcamos junto a la iglesia y algunas casas, en un ensanche. o pequeño aparcamiento. Con mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, iniciamos esta larga andadura que en principio tenía planteada circular. Subiendo por el Cuchillar de Rueda y regresando por el barranco de la Foz Grande.

Fuimos dejando atrás las últimas casas de la población por un camino ancho y claro, en ascenso. Según he leído en diferentes blogs, le llaman las Revueltas del Carrilón. Entre bonitos avellanos.


Éste, llega a un punto donde se bifurca, siendo más claro y evidente, el ramal por donde se supone que regresaríamos de la circular, tirando hacia mano derecha, por lo que podría ser un sendero algo escondido en su inicio, ocultado por los numerosos helechos existentes en la zona.


Rápidamente se hace muy evidente y va subiendo constantemente entre un denso bosque, un precioso hayedo, hasta que alcanzamos Manín de Arriba, dónde sólo vi un casita y tras otro corto ascenso, tónica general del itinerario hasta encumbrar, alcanzamos una zona amplia y despejada, La Veiga de Manín, donde tuvimos la oportunidad de ver por primera vez, el macizo de las Ubiñas.








Cambiamos la dirección y tomamos Oeste, para subir hacia El Praón, fuerte subida por Vallina Grande, donde en su inicio me llevé un gran susto, ya que pasó por delante mía, a medio metro, una víbora Seaoni de color marrón uniforme, casi estuve tentado de dar por terminada la ruta y regresar por donde vinimos, le tengo fobia a esos animalitos, voy como un radar móvil, intentando detectar su presencia, sobre todo en verano, pero Mª José se puso muy pesada y me animó a seguir.





Alcanzamos el Praón, tras un duro ascenso, encontrándonos una senda bastante marcada, entre un matorral bajo, ubicado en zonas alomadas, que nos conducían hacia la mismísima cresta de Peña Rueda.


La cumbre del  Siegalavá, destacaba entre otras elevaciones hacia el Sur, mientras que nuestro sendero nos llevó a la mismísima arista de Peña Rueda, aquí notamos directamente como soplaba ese día el viento, nos desequilibraba continuamente.




Luchábamos contra una pendiente constante, mantenida, fuerte y contra el viento, que te impedía apoyar correctamente a cada paso.

Subimos por el propio Cuchillar de Rueda, con las paredes verticales a nuestra derecha y la ladera inclinada a la izquierda. Una subida que parecía interminable, aunque las vistas iban dándote alas a medida que ganábamos en cota. Elevaciones a todo nuestro alrededor, un lujo para los montañeros.









Tras la dura subida, alcanzamos el poste geodésico, que estaba tirado y algo estropeado. Divisamos la segunda cumbre de este macizo, el Vaso de Rueda, que aunque estaba cerca, no quisimos acercarnos ya que no conocíamos cuantos escollos y tiempo, nos quedaba aun.




Así que tras un descanso en la cumbre y un aporte energético, disfrutando de las excelentes vistas, reemprendimos la marcha descendiendo  hacia el Oeste, hacia Las Pedrosas, donde observamos vestigios de la guerra civil, como las trincheras y rodeados de un marco espectacular, la cordillera de los picos Huerto del Diablo y el macizo de las Ubiñas, algo más retirado.




Cambiamos a dirección Sur, la caliza se fue transformando en superficie herbosa tapizada de multitud de lirios, caminábamos cerca de Práu Quiñones y longitudinalmente al Canalón de los Mirios.

Por esta zona, nos encontramos con un montañero, José María, que subía hacia Peña Rueda, entablamos conversación y resultó que era de Jerez de la Frontera, Cádiz. Un experimentado montañero que también le daba a la bicicleta, viajaba sólo y llevaba varios días por aquí, parándose donde más le apetecía y pegándose un lote inmenso de rutas, sin Gps, ni mapas, no los necesitaba. Subió, bajó y nos esperó en el pueblo de Lindes un buen rato, para tomarnos unas cervezas en el único bar que por allí había. Un tío estupendo, simpático, alegre y un gran deportista. Desde aquí, le mando un fuerte abrazo.





Tras descender la empinada ladera, llegamos a una especie de plataforma, el Colláu Fontes, una terraza a cota más elevada que la majada de la Cardosina, que veíamos bajo nuestros pies.


Descendimos otros 150m. aproximadamente para dar con esa majada y luego por un marcado sendero entre los Chanos la Cerezal y la Carva, accedimos a la majada los Cuadros, aunque ésta se trataba de una o dos casas aisladas, si no mal recuerdo.

En estos amplios llanos, antes de alcanzar esa segunda majada,  decidimos almorzar de verdad, bocatas y frutas, además de algún fruto seco, barritas y dátiles que llevábamos en las mochilas.





Una vez que cargamos las pilas, tuvimos un poco de confusión, para acceder de nuevo a la senda marcada, ya que estábamos limitados por un tupido bosque que formaba una barrera natural y disponía de reducidas entradas, las cuales probamos y unas, dieron mejores resultados que otras, pero al final, con paciencia y lógica, dimos con esa ansiada continuación, que nos llevó a Los Cuadros y a continuación, junto al río de la Foz Grande, que ya no abandonamos.



Desde la zona del Puerto de Agüeria y de la Vega la Foz, teníamos enfrente los macizos de Peña Rueda y el de la Peña Arpín, una autentica "V" que formaba el encajonamiento del citado río y por cuyo interior  pensábamos caminar, aunque lo que veíamos ante nosotros, no nos lo hiciera creer mucho.








Pero, poco a poco, fuimos avanzando por ese claro sendero, que a pesar de ver las impresionantes laderas con canchales infinitos derramados hasta la orilla contraria, nos fue introduciendo paulatinamente en un precioso y tupido bosque, principalmente formado por hayas, aunque algún avellano que otro, luchaban por destacar.

El senderillo y su entorno era como el de un cuento de Hadas, hojas secas caídas que cubrían buena parte del suelo, piedras con musgo verde e intenso y un hayedo formado por árboles viejos y nuevos. Un entorno de película, para caminar relajadamente, empapándose de la tranquilidad y relajación que producía.




Un vallado de madera, con paso sólo para personas, se interpuso en nuestro camino.


De vez en cuando la cubierta vegetal, nos dejaba ver los paredones que nos limitaban y así en descenso suave, fuimos cubriendo todo ese trayecto.



Coincidimos con tres personas que subían en sentido contrario, dos en burro y uno detrás,. Se trataba de un padre, su hija y el abuelo, que iban a unas cabañas más arriba donde se encargarían del ganado.


El curso, prácticamente seco, lo pasamos por unos puentes de madera, unos tablones para sortearlo.




Llegando a la salida de este extraordinario barranco, nos toco ascender, no nos sentó muy bien, ya que estábamos bastante castigados, no sólo por el recorrido pateado que llevábamos, sino de la paliza que también nos dimos en los lagos de Saliencia.


Pero, sin prisas, ni pausas, accedimos al Colláu, donde había un poste indicativo que marcaba dos direcciones, una, de donde proveníamos, La Foz Grande y Pto. Agüeria y otra, hacia donde nos dirigíamos, Manin y Peña Rueda.


Desde este punto, por carril y sendero ancho muy marcado, descendimos entre helechos, bosque de hayas, por tramos a veces algo embarrados, hasta que conectamos con el lugar donde por la mañana, a la ida, nos salimos del camino de ascenso, hacia la derecha, para realizar la circular a Peña Rueda. A la altura de El Caleru, aproximadamente.







Sólo nos quedó un corto trayecto hasta el pueblo de Lindes, donde nos reencontramos con José María y nos tomamos unas cervezas.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:





 Si quieres el track de esta ruta, pincha sobre el siguiente enlace:



NOTA:

Con este blog solo quiero dejar constancia de algunas de las salidas que hago, normalmente acompañado de mis amigos, por las Sierras por las que me muevo. Sólo pretendo aportar mi experiencia personal, en el momento puntual de realizar mis itinerarios, que como comprenderéis pueden ser cambiantes en cuanto a climatología y estaciones del año y no es mi intención que las explicaciones, comentarios y fotos que acompañan a cada una de las entradas de este blog sirvan de guía para otros montañeros, ya que no tiene por qué ser ni la mejor opción de ruta, ni las mismas condiciones del tiempo, ni tampoco los tiempos empleados.
Deseo que os guste, sea de vuestro agrado y os sirva la información.

Gracias por vuestra visita.