domingo, 27 de enero de 2019

Circular desde Arroyo Frío al Peñón de Juan Díaz, peña Gallinera y al mirador de Linarejos


Ruta realizada el día 29 de Diciembre del 2015.

Fuimos Mª José y yo, Antonio, a realizar una nueva ruta por el Parque Natural de Cazorla, Segura y las Villas y aunque sabíamos que las predicciones climatológicas no eran del todo buenas, le echamos valor y realizamos esta bonita circular, aunque parte de ella, la imaginamos, más que verla.

Nos hospedamos en Arroyo Frío, así que en esta ocasión el coche ni lo tocamos, ya que partimos directamente de la población.

Iniciamos la ruta con una llovizna fina muy tenue, pero constante y bastante niebla, así que nos colocamos las mochilas a la espalda, con su protección para la lluvia, las botas de montaña en los pies y el cortaviento con su correspondiente gorro.

Comenzamos justo, pasado el puente al entrar en la población, dirección hacia Coto Ríos, por el primer camino que nos encontramos a nuestra derecha, camino que en su inicio está en perfecto estado, pero que a medida que avanzamos por él, se va deteriorando progresivamente, sin dejar nunca de estar claro y marcado.


Al principio realizamos un tramo paralelo al arroyo Frío o de los Urbios, para después, ir bordeando por el Norte, el Puntal de Gollete. A la altura del Cortijo de la Caída, tomamos el camino que sale a nuestra derecha en ascenso, por una vaguada repleta de pinos, este camino casi nos deja en la propia cumbre de la anterior elevación, dato que no me percaté a la hora de realizar el trazado, porque si no, sería otro para mi colección.



Pasamos de largo el Puntal, continuando por el carril, que casi nos lleva de nuevo al arroyo Frío, a una cota más elevada, por la zona de las Navillas.

El día era gris y feo, igual lloviznaba, que paraba y no caía agua, además el cielo estaba cubierto de nubes que se movían velozmente por el viento, con lo que disponíamos de nieblas intermitentes. Ese era el panorama que llevábamos regularmente en esta ascensión.

Abandonamos el carril, siguiendo una clara y ancha senda, para acometer un nuevo ascenso, menos pendiente que el anterior, tomando por la cordal de la estribación más occidental del Peñón de Juan Díaz.

A nuestras espaldas, hacia el Sur, aún podíamos tener profundas vistas, el mar de nubes estaba más alto. Teníamos Peña Gallinera en primer plano, segundo objetivo de la ruta y muy al fondo se divisaba los Poyos de la Mesa, conquistado en una ruta anterior, hacia delante la niebla tapaba parte de las cumbres, con lo que no teníamos claro, donde se encontraban las cumbres más emblemáticas, ni siquiera, el próximo Peñón de Juan Díaz.

Subida toda esa estribación, con claras vistas hacia el Oeste, sobre la vertiente de Burunchel, teniendo bonitas vistas sobre el Puerto de las Palomas, el Mirador del Valle y del Paso del Aire, conectamos de nuevo, con otro carril, que no era otro, que por el que pensábamos regresar, situado por la cordal de la siguiente estribación, pegada a la de subida de ida nuestra, más al Este.

Aquí tuvimos un terreno relativamente llano entre enormes pinares, pero con una niebla baja que limitaba la visibilidad, incluso, otra vez, con algo de lluvia.











Caminando en esas condiciones, al fondo y muy difuso, observamos una tenue silueta de una casetilla, era la de observación del Poyo de Juan Díaz, nuestro primer objetivo de la jornada. Una pena que estuviésemos envueltos en la niebla, pero por lo poco que pudimos ver, debería ser un mirador perfecto sobre el valle del río Guadalquivir y todo su entorno, pero aunque lo intentamos, esperando pacientemente a ver si mejoraba, no tuvimos la oportunidad.





Tras el rato de espera, regresamos por el mismo camino de ida, llegando al punto de conexión sobre el carril, en la subida anterior y continuamos por el mismo, descendiendo por la estribación de al lado.

Entre esbeltos pinos, con nubes cambiantes, alcanzamos de nuevo, en la misma ruta, el cauce seco del arroyo Frío o de los Urbios, observando una pequeña presa fabricada en su curso, para retener y almacenar en un pequeño embalse, sus aguas en ese punto.





Caminamos un tramo por el carril una vez atravesado el arroyo, estaban realizando trabajos de forestación, primero, porque se oían a lo lejos, segundo, por los troncos cortados y apilados en los bordes y tercero, porque había incluso maquinaria pesada en los alrededores, pero personas, no vimos ni una.



Prácticamente situados al Norte de la Peña Gallinera, abandonamos el cómodo carril, para por un terreno bastante inclinado entre el pinar y sin sendero alguno, ir ascendiendo a la Peña.

Caminábamos por un terreno mullido y tapizado de agujas de los pinos, con una fuerte pendiente, pero al ir llegando a su cumbre, las agujas fueron siendo sustituidas por hojas secas de los numerosos arbustos que allí nos esperaban, con sus ramas entrelazadas, plagadas de líquenes y que formaban una barrera que tuvimos que sortear, además entró en escena las rocas, de las que estaba formada la Peña.





Al final, nos vimos en lo alto de la Peña Gallinera, una mole caliza cuya cumbre era una plataforma alargada y plana, con pequeños desniveles, con algún que otro arbusto desperdigado. Una zona que era un auténtico mirador natural, con pretil incluido, quitándote el vértigo, un paredón cortado a tajo, desde donde se observaba abajo, además de cabras montesas sorprendidas de ser ellas las examinadas y no al contrario, y algo más retirado, a los trabajadores forestales que antes escuchábamos, el resto de elevaciones de alrededor, estaban troncadas por las nubes bajas.











Sí teníamos unas estupendas vistas sobre el Lanchón, por ser una elevación bastante más baja (la elevación que bordeamos cuando realizamos la Cerrada de Utrero), más o menos, en la dirección hacia donde pretendíamos continuar.


El descenso de la Peña, en sus inicios, también fue campo a través, dirección Suroeste y similar a su subida, piedras calizas y arbustos, hasta que conseguimos acceder al pinar. Luego, ayudándonos de sendas de animales algo difusas y no teniendo una clara senda, nos dirigimos más por intuición, ayuda del GPS y por la vista, ya que en el momento que divisamos muy abajo el camino, corregimos la dirección inicial y fuimos a buscarlo.

Aunque nunca por un firme incómodo de caminar, pero con la tensión de no saber si a donde nos dirigíamos, nos íbamos a encontrar con alguna sorpresa, un cortado o algún obstáculo problemático, sentimos un alivio al divisar el camino y comprobar que se podía llegar a él. (Realmente, en esta Sierra, estoy poco acostumbrado a caminar fuera de caminos y sendas y te encuentras algo tenso cuando lo tienes que hacer, principalmente por desconocimiento de la misma)






Conectamos con el ansiado carril, a la altura de una barrera pintada en blanco y verde. Este carril era el mismo que abandonamos al subir a la Peña y que la bordeaba por el Noroeste, lo anduvimos un trecho, hacia Linarejos y lo abandonamos para dirigirnos hacia el arroyo de Linarejos y ver su cascada. Este descenso hacia el arroyo, lo tracé directamente sobre plano y con la comprobación con el Google Earth, herramienta eficaz y perfecta para conocer de antemano por donde te metes.

En ese lugar tuvimos la suerte de ver una hermosa cierva. Bajamos la parte estudiada y dimos sobre el claro y marcadísimo sendero que discurre paralelo al arroyo de Linarejos, lo continuamos, gozando del espectáculo natural de pozas y pequeños saltos, algunos de varios metros de altura, hasta de repente, con vistas sobre la presa y escalera de la cerrada de Utrero y por supuesto de la mole del Lanchón, sobre la que se dibujaba en su contorno el marcado sendero, el abismo.

Un mirador que te pone los pelos de punta, nada más asomarte, los buitres volaban debajo tuya, algunos distraídos, se pegaban un buen susto al localizarte.
















Supongo que cuando esa cascada lleve un cierto caudal, debe ser alucinante el espectáculo que desde aquí se podría observar, pero la cogimos con una lámina que se derramaba pegada a la roca y desde esa distancia, no se percibía bien. De todas formas, mirador de primer orden, súper vertiginoso y con vistas estupendas.

Tras saborearlo al máximo, lo tuvimos que dejar a nuestro pesar, pero había que continuar, aún quedaba ruta, regresamos por nuestros pasos, siguiendo el curso fluvial, alcanzamos su nivel, curiosamente vimos un ciervo ahogado en sus aguas, lo pasamos por el lugar que vimos más cómodo, utilizando varias piedras de su cauce y así conseguimos pasar a la otra orilla.



Remontamos algo de pendiente hasta llegar a la carretera local JF-7091 y junto a un cartel de la Junta, trochamos por una senda para alcanzar de nuevo el firme asfaltado y cruzar por el puente de la Cerrada, sobre el río Guadalquivir.



Seguimos un corto tramo por la carretera, para a la altura del restaurante, internarnos por el pinar para buscar la senda circular de la Cerrada de Utrero, por el lado Oeste, algo antes de un mirador existente, al que llegamos por verlo, nos salimos del camino para tomar una senda marcada a nuestra izquierda, según el sentido de marcha, ésta, entre el pinar nos llevó a la carretera principal, la A-319, que une Burunchel con Arroyo Frío.







La senda la trochaba en varios puntos hasta que a la altura de la abandonada central del Valle y atravesando el arroyo del Valle, nos encontramos a la izquierda del río Guadalquivir, al Oeste de su curso dirección hacia Arroyo Frío.








Por camino claro, continuamos por la ribera del Guadalquivir, hasta que pasamos un puente sin barandillas, con cinco tubos como ojos para que pasasen las aguas bajo él y enseguida, estuvimos junto a las primeras casas de la población, de la que por la mañana partimos a la ida para realizar esta preciosa ruta.



Nos encontramos con las pistas deportivas, un parque con aparatos de gimnasia y las primeras viviendas.




A la ducha y al merecido menú nocturno, regado con varias cervezas.

DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




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