domingo, 6 de agosto de 2017

Circular subiendo por el Alhorí hasta Cerro Pelado, vualta por la acequia de las Cabañuelas

Ruta realizada el día 23 de Mayo del 2015.

Fuimos Mª José y yo, Antonio, a conocer una zona que ya nos habían comentado varios montañeros con los que en alguna ocasión, nos habíamos cruzado por los montes, de tratarse de un lugar muy bonito, que bien merecía una excursión.

No nos lo pensamos mucho y decidimos ir para allá, Terminamos hospedados en el pueblo de Jerez del Marquesado, para trasladarnos bien temprano, a la mañana siguiente, dirección al refugio de Postero Alto, desde donde emprenderíamos la larga caminata.

Adjunto el track que une la población con el refugio, aunque si no recuerdo mal, estaba relativamente bien indicado.


Una vez aparcado el vehículo junto al refugio, nos colocamos las mochilas a la espalda y las botas de montaña en los pies, dando comienzo a esta nueva aventura.

El refugio se encuentra en el extremo final de la estribación Noreste proveniente de Cerro Pelado y era curioso, ya que el comienzo de esta ruta transcurría por una especie de cortafuegos bastante amplio, dejando a ambos lados laderas plagadas de pinos y por donde caminábamos, daba la impresión de tratarse de un campo de cultivo recién arado con todo detalle, incluido los caballones donde se sembraría.




Este tramo fue de unos ochocientos metros de longitud, lugar en donde nos desviamos hacia nuestra derecha, comienzo de una senda marcada, que iba progresando por la ladera Noroeste de la estribación y llevándonos hacia el valle por el que discurría el río Alhorí.

Mirando atrás, a  lo lejos y hacia abajo, quedaba el refugio de Postero Alto, que se dejaba ver, de vez en cuando, entre la vegetación. Poco a poco, abandonamos los pinos para caminar entre vegetación de bajo porte y acostumbradas a bajas temperaturas, así como a la altitud.






De repente, nos topamos con esa cuña por la que bajaba, casi a borbotones, pegando numerosos saltos el río Alhorí.

Una línea sinuosa que recorría el fondo del valle, describiendo un curso atropellado y ciñéndose a cada accidente del terreno, provocando multitud de curvas y ensanchamientos aleatorios.



Aquí comenzó lo bueno y lo más llamativo del itinerario, seguir el mismísimo curso del agua, eso sí, en sentido contrario a su fluir y por supuesto, en ascenso continuo. Pero, era tal la belleza del lugar, que prácticamente no notabas el esfuerzo que ibas realizando.

Fuimos acompañando el curso fluvial, por donde nos apetecía, pisando esos verdes borreguiles o pastizales verdes, que arropaban al río, cruzándolo de un lado para otro y parándonos para las obligatorias fotos que debíamos realizar. Así gozamos de este espléndido entorno, hasta que alcanzamos una zona de riscos, donde el agua los sorteaba produciendo preciosos saltos.



A la altura, más o menos, donde tengo entendido que nos podríamos haber desviado para realizar otro trazado que iría hacia la zona donde por lo visto, cayó un avión, nos alcanzaron un numeroso grupo que venían detrás nuestra.

Curiosamente, terminamos la ruta con ellos y gracias a ellos, recorrimos bellos lugares que en principio no pensábamos pisar en el recorrido. Pero antes del acoplamiento definitivo con este grupo tuvimos nuestras alternancias, es decir, ellos nos pasaban y a continuación éramos nosotros los que adelantábamos al grupo, así en diversas ocasiones, hasta que entre preguntas, comentarios y charlas que tuvimos durante el trayecto, terminamos siendo un grupo algo más numeroso.




Superados los riscos o peñones rocosos entre los que circulaba el río Alhorí, nos enfrentamos con el primer cruce, algo más serio, del cauce. Gracias a una piedra colocada a modo de mini puente, lo conseguimos, aunque algo inestable y resbaladiza, en este momento éramos uno más del numeroso grupo, caminábamos entre ellos y formalizamos nuestro primer "divorcio" del mismo, ya que mientras ellos siguieron subiendo, para más adelante parar a picar algo, nosotros, ya en el otro lado del río, invertimos el sentido de marcha, para visitar la parte alta del peñón que asomaba al río, allí tuvimos la suerte de contemplar y distraernos con una simpática cabra montés, que nos tenía poco miedo.




Desde lo alto de esos riscos, tuvimos unas vistas excelentes, incluso se dejaba ver el refugio del que procedíamos y todo el Alhorí, longitudinalmente.


Regresamos, pero a una mayor cota de la que tomamos para acceder aquí, para no perder altura y en esta ocasión, nos tocó a nosotros, rebasar al grupo algo más adelante.

Continuamos con el ascenso, junto al cauce, con un primer objetivo, el de alcanzar un collado cercano por donde se dejaba caer el líquido elemento. Vimos las primeras Estrellas de las Nieves, la planta símbolo de Sierra Nevada.



A la altura del collado, estábamos integrados de nuevo con el grupo, subiendo hasta el siguiente que se nos aparecía en el horizonte, donde se nos abrió un enorme circo. El circo glacial del nacimiento del río Alhorí. Nos encontrábamos bajo las laderas que formaban el Picón de Jérez o Jeres, hay un gran lío sobre el nombre y el Juntillas.









Una zona donde se suavizó enormemente la pendiente, aunque se introdujo una neblina molesta que ocultaba las impresionantes vistas, que suponía, debíamos de tener.

Pero la benevolencia del terreno, duró poco, ya que progresivamente fuimos cogiendo pendiente que gradualmente se fue intensificando. Respecto a la niebla, desapareció de momento, situándose a mayor altitud. Alcanzamos los primeros neveros que aún perduraban, intentando contornearlos en la medida de lo posible.

Subimos la empinada ladera casi alineada con el primer tresmil, el picón de Jérez, por esquivar un enorme nevero situado en la parte alta de la ladera, alcanzando antes la cordal, muy próximos al poste geodésico. Antes de encumbrarlo, tomé el sentido contrario para ver una cueva a la que se habían acercado algunos del grupo.











 




De nuevo la niebla comenzó a hacer acto de presencia y durante un instante me encontré sólo ante la cueva, el resto había marchado hacia el Juntillas, sólo Mª José me esperaba en el poste geodésico del Picón de Jérez, donde cayeron una buena serie de fotografías.




Envueltos de nuevo en la niebla y con visibilidad algo limitaba, caminamos hacia el Puntal del Juntillas, segundo tres mil de la jornada por pisar, cuando nos comenzó a granizar, bolitas pequeñas y completamente blancas que rebotaban en nuestros cortavientos. A esto, ellos le llamaban "frío".

Alcanzamos nuestro segundo tres mil, coronado en solitario, ya que en este momento de nuevo íbamos sin el grupo, "un segundo divorcio" y en el mismo día !!

Tras las pertinentes fotos en esta extraña segunda cumbre,, más bien un aplastado y redondeado cerro, continuamos hacia nuestro tercer y último tres mil de la jornada, el Cerro Pelado, dirección Sur.






A lo lejos y de forma intermitente, entre la niebla, distinguíamos algún componente del grupo. Los alcanzamos en el propio cerro Pelado, donde picamos algo, aunque con el frío reinante, duramos poco en el lugar.

Tras comentar con el principal guía del amplio grupo nuestro posible regreso, y el que ellos pensaban realizar, optamos por hacerlo con ellos, ya que nos indicaron que pretendían realizar la bajada junto a unas acequias, de las que yo no tenía conocimiento y me pareció más interesante que la que nosotros teníamos proyectada.






Regresamos por nuestros pasos, acercándonos hacia el circo de las lagunillas del Juntillas, viéndolas con cierta dificultad entre huecos en la niebla. Luego tomamos dirección Este, como si fuésemos hacia la Piedra de los Ladrones, para terminar tomando el Barranco de la Acequia de las Cabañuelas.



Amplias laderas, con extensos neveros que tuvimos que atravesar. Ya liberados de esa espesa niebla que nos acompañó un gran tiempo, nos otorgaba unas vistas amplias y profundas sobre ellas.






Dejamos de lado la laguna del Puerto, bajo las laderas del cerro de Trevélez.

Siempre en continua y larga bajada por un vasto terreno de firme terroso plagados de lajas de piedras, de tipo pizarra, fuimos avanzando hasta conectar con el citado Barranco, que aún conservaba neveros en su cabecera, que nos sirvieron de lugar idílico para obtener bonitas fotos. Allí comimos.




Encontramos algunos otros, de diferentes formas y acusados deshielos. Poco a poco nos fuimos desviando de su curso, dirección Norte, para acompañar durante un buen trayecto una bonita acequia.















Siguiendo la acequia, nos llevó hacia la Cañada Real de Trevélez, que la tomamos, llevándonos al punto donde comenzamos esta circular y de camino, de nuevo al refugio de Postero Alto, donde tras unas cervezas reponedoras, nos despedimos de los integrantes del grupo, dando por terminada esta preciosa caminata.







 DATOS DE INTERÉS DE ESTA RUTA: 




Si quieres el track de esta ruta, pincha sobre el siguiente enlace:

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