jueves, 15 de junio de 2017

Lineal siguiendo el curso del río Borosa hasta la laguna de Valdeazores

Ruta realizada el día 24 de Abril de 2015.

Segundo día en Cazorla. Fuimos Guillermo y yo, Antonio, a recorrer uno de los clásicos senderos de este Parque.

Hace ya muchos años, estuve con toda mi familia al completo, aquí, en este mismo itinerario. Por supuesto, llegué sólo a donde la inmensa mayoría de los visitantes recorre, esto es, hasta la impresionante y majestuosa Cerrada de Elías y luego, vuelta por el mismo camino. Recuerdo que mi hija pequeña de menos de dos años la llevábamos en un carrito de bebés, no es una excusa, pero no era plan de continuar por el trazado con dicho vehículo.

En esta ocasión, me planteé alcanzar el embalse de los Órganos y la laguna de Valdeazores, que tanto me había recomendado mi amigo Juan José. No me había informado demasiado sobre el recorrido, pero si sabía que teníamos que pasar algún que otro túnel y poco más. Si llevaba varios track cargados, por si nos daba la picá de subir alguna de las elevaciones que existen por la parte alta del recorrido.

Para acceder al comienzo del itinerario, procedentes de Cazorla, tomamos la carretera que une esta localidad con Coto Ríos. Pasamos Burunchel, el Puerto de las Palomas, Arroyo Frío, el Campamento Juvenil de Tejerina, Noguera de la Sierpe y desde aquí y justo antes del Museo de la Torre del Vinagre, tomamos un desvío cuesta abajo, a la derecha, según el sentido de la marcha, que nos obliga a tomar prácticamente el sentido inverso al que traíamos y nos llevaría a la piscifactoría, dejando el coche en los aparcamientos existentes para visitar el Jardín Botánico.

Es cierto, que se podría aparcar en el mismo inicio de la ruta, pero es una zona para pocos vehículos y normalmente está lleno, además no merece la pena ya que los aparcamientos se encuentran a pocos metros.

Con mochilas a la espalda y botas de montaña en los pies, iniciamos esta clásica, pero para nosotros, poco conocida ruta.

Desde los aparcamientos, en la entrada hacia el Centro de Interpretación fluvial “Río Borosa” y junto a la piscifactoría, caminamos un corto trayecto hasta cruzar el puente sobre el río Borosa, lugar que podríamos considerar como arranque de la ruta. Todo el itinerario fue junto a su cauce, a veces casi a su nivel y en otras, a mayor cota.

Lo primero que nos encontramos fue una barrera de color blanca y verde para impedir el paso a vehículos motorizados “no autorizados”…, además de varios pedruscos de considerables dimensiones para impedir el aparcamiento de los coches de esas personas que tienen la manía de ponerlo en “primera línea de ataque”, para ahorrarse veinte metros, aunque luego caminen treinta kilómetros. Así somos… que le vamos a hacer.

Aunque se trataba de un carril, una cómoda pero poco atractiva pista forestal de tierra de unos tres o cuatro kilómetros, lo que más nos impactó en primer lugar, fue la propia belleza del entorno y los atractivos colores, saltos de agua y transparencias de las aguas del Borosa, que eliminaban rápidamente la fealdad del firme y te distraía de la monotonía que suponía caminar sobre él.



Nos encontramos con un cartel de la Junta que nos daba información sobre el funcionamiento de una piscifactoría, por ese tramo, era precisamente espectacular el curso del río con varias caídas de aguas a diferentes niveles.



Más adelante nos encontramos con una rebosante fuente de dos caños de aguas frescas y con buen caudal, que precisamente a la vuelta, vendrían de lujo.


También nos encontramos con una señal de tráfico indicando zona de desprendimientos y curiosamente ya estaba sobre el suelo, hubo que acomodarse a la situación.


La verdad es que todo el curso del río se trataba de un entorno mágico, la roca mostraba dos tonalidades perfectamente diferenciadas, la que el agua cubría de vez en cuando, que tomaba unos tonos claros amarillentos, por la disolución al cabo de muchos años de la caliza, o simplemente mostraba la limpieza de la roca y las partes superiores con el color clásico de la caliza aérea de tonos grises oscuros, además de los pinos carrascos que nos acompañaban permanentemente.


Llegamos al lugar donde el Borosa tenía su primer aporte, el arroyo de las Truchas. Arroyo tributario, cuya conexión con el principal, era a través de una pequeña, pero atractiva cascada a través de roca caliza. Más adelante nos encontramos con un aparente, endeble puente de tablones de madera, en el que no pudimos resistir fotografiarnos.



Continuamos por el carril, contemplando siempre preciosas estampas, hojas de diversos colores en las diferentes copas de los árboles, el curso del agua resbalando sobre rocas impregnadas de musgo verde, hasta que alcanzamos un nuevo puente, aunque en esta ocasión se trataba de uno muy robusto de acabado en piedra, creo, llamado el de los Caracolillos.




Algo más adelante y tras pasar el curso fluvial por un nuevo puente, nos introdujo desviándonos a nuestra derecha, por un sendero marcado y claro, en la zona denominada Vado Rosales, que nos conduciría directamente a uno de los platos fuertes de la ruta, La Cerrada de Elías. Si no recuerdo mal, a la salida de ese puente había un cartel informativo sobre el plegado de las diversas placas tectónicas que componen esa zona, pudiéndose observar perfectamente en la pared de enfrente esa exagerada curvatura de dichos pliegues.




Esta senda, que poseía en algunos tramos barandillas de madera, en otros caminabas por el interior de un túnel formado por las ramas de los arbusto colindantes, nos llevó a cruzar de nuevo el río a través de un pequeño puente de tableros de madera. El río se iba encajonando progresivamente, parte de sus orillas estaban formadas por tobas chorreantes por las que se desparramaban cientos de hilillos de agua, formando pequeñas oquedades.

Alcanzamos otro puente similar al anterior y aún cruzamos otro más, por esta zona el río transcurría aterrazado y ya encañonado, entrando en la citada Cerrada de Elías. Un caminito artificial realizado sobre la pared vertical del cañón a una cierta altura del nivel acuático. Un entarimado de madera colgado de la pared con una barandilla a todo lo largo, para contemplar un lugar de una belleza sin parangón.

Cierto es, que recordaba esta cerrada, cuando la hice con el carrito y todos los niños pequeños, muchísimo más larga de lo que me pareció en esta ocasión, que cuando me di cuenta, ya la habíamos terminado. Pero no por ello, dejó de ser espectacular.









Terminamos la Cerrada por un sendero similar al de la entrada, que nos conectó de nuevo con la pista forestal del inicio del itinerario, eso sí, tras informarnos a través de otro simpático y bonito cartel, sobre la diversidad ornitológica del parque.


Si no recuerdo mal, creo que había al menos una fuente en el inicio de la Cerrada, aunque para mi gusto, no muy apetecible.

Comenzamos poco a poco a ir tomando altura sobre el Borosa y tuvimos las primeras vistas de las cornisas más altas de la Sierra de Segura, situadas al Este de nuestra posición. Pasamos por la zona de la Cerrada del Puente de la Piedra, que si no me equivoco, se trataba de un punto donde la pista forestal salvaba el arroyo del Tejo mediante un puente no muy evidente, pero muy reforzado, con el uso de vigas de acero y tirantes para sostener las paredes rocosas.




En este lugar nos encontramos con unos enormes pliegues del terreno y entre ellos, se formaba una oquedad enorme y alargada, a la que subimos a explorar.




A unos 6 Km del inicio nos encontramos con otra fuente, creo que llamada Huelga Nidillo. El camino nos introducía junto al cañón excavado por el curso fluvial, entre una densa vegetación lateral y paredes desnudas mostrando los pliegues tectónicos, laderas inclinadas formadas por lo que supongo, en tiempos inmemoriales, serían placas completas lisas de calizas y que hoy en día se mostraban quebradas y entre sus grietas, arbustos procurando subsistir.





La visión de una larga tubería a lo lejos, que parecía pegada a los cortados que comenzábamos a vislumbrar, nos indicó que teníamos próxima la central eléctrica del Salto de los Órganos, nos encontraríamos a poco más de 7 Km del inicio.

Algo antes, ya contemplamos lo que para mí podría ser lo más impresionante de la ruta, la caída de agua de unos tres enormes chorros,  a unos cien metros de altura. Rápidamente me vino a la cabeza cuando estuve en la base de la cascada de Gavarnie, en los pirineos franceses. Un espectáculo para los sentidos.

Junto a la central había otra fuente de la que bebimos y cargamos agua tanto a la ida como a la vuelta.
A partir de este punto, el camino se transformó en senda. Estábamos envueltos en un ambiente mucho más montañero, limitados por los cortados procedentes del Puntal de las Cabras y toda la zona del Castellón, le confinaban un ambiente distinto al resto del trazado realizado anteriormente. El río se dejaba caer mediante altas cascadas entre unas rocas porosas tipos tobas, que por esa zona comenzaban a proliferar.






Pero lo que cautivó nuestra atención por esa zona y dejó el resto en un segundo plano, fueron los impresionantes chorros cayendo al vacío del Salto de los Órganos, llegó un momento que estuvimos a su altura y estuvimos tentados de subir a  donde caían sus aguas, pero preferimos seguir, ya que no teníamos claro cuánto tiempo nos llevaría.

Tuvimos que atravesar el sendero completamente anegado por donde discurrían sus aguas, ya que el volumen era tal, que durante un trayecto la senda se convirtió en un arroyo por el que caminar.








Pasado este tramo y costándonos trabajo continuar, por dejar atrás este impresionante panorama, nos encontramos en una amplia senda en ascenso, que marchaba junto al cauce, pero en esta ocasión, seco, sólo existían de vez en cuando algunas pozas de aguas cristalinas azuladas, con unas formaciones en toba espectaculares, dando la sensación de un paisaje fantasmagórico. Además a nuestra izquierda nos limitaba unos impresionantes murallones verticales, provenientes del Picón del Haza de Abajo, elevación ésta que en esos momentos bordeábamos por el Oeste y posteriormente lo haríamos por el Sur.

Desde la Central, hasta que accedimos a los túneles, fue la parte más exigente del recorrido, sin ser tampoco de excesivo esfuerzo físico. Llegamos a un punto, donde se observaban en la pared, los agujeros de aireación e iluminación de los túneles por donde circulaba el agua mediante una acequia, para llevarla hacia la central eléctrica.













Mediante una subida por un terreno bastante suelto, llegamos al inicio del primer túnel, coincidimos con ciclistas que en esos momentos se estaban tirando cuesta abajo por donde accedíamos.

En la cabecera del túnel estaban bastantes personas sentadas y algo relajadas, unos picando algo, otros charlando, como tomándose un descanso para proseguir con el trazado.







Entramos en el túnel y aunque se podría realizar sin luz, considero muy recomendable llevar un frontal, al menos para no pegarte con el techo en la cabeza, ya que se trata de pasaje abierto en roca pura y la anchura para pasar entre la pared del túnel y el cable de acero, a modo de barandilla para impedir la caída a la acequia, bastante estrechos en algunas partes.




Salimos del pasaje subterráneo y continuamos un rato entre la acequia y otras barandillas de madera colocadas en el exterior. En poco tiempo tuvimos frente a nuestros ojos la pequeña presa del embalse de los Órganos.




Un coqueto embalse situado en un enclave privilegiado, aguas verdosas, con multitud de pececillos y como colofón, con el Puntal de las Iglesias, situado al Sur y limitándola bajo sus laderas.



Allí picamos, nos tomamos unas frutas y el bocata, tras acercarnos al Nacimiento de Aguas Negras, siguiendo el curso del arroyo de Ramblaseca. Se trataba de una plataforma pétrea, bajo la cual fluía con fuerza un buen volumen de aguas que terminaban alimentando el embalse.



Tras un buen tiempo descansando y contemplando el precioso lugar, emprendimos la marcha cruzando por encima de la pequeña presa y bordeando las orillas del embalse por el Noroeste, donde fuimos testigos de muchos arbustos y árboles, cuyos troncos se encontraban anegados por sus aguas.




Nos restó continuar por el carril, entre un esbelto pinar, hasta dar con la siguiente Laguna, la de Valdeazores. Igual que la anterior, también poseía una pequeña presa para retener el agua, allí nos detuvimos algo menos, aunque si nos entretuvimos alimentando a los peces que se agolpaban en la orilla al tirarles, trocitos de pan.






Regresamos por el mismo camino que a la ida, aunque quise explorar y ver el acceso al Picón del Haza, aunque a Guillermo no le apetecía, quedándose abajo esperándome mientras yo me acercaba al menos a su collado. Terreno muy pendiente marcado con hitos, una vez allá en lo alto, las vistas eran espectaculares. Hacia el Norte, con las increíbles terrazas que forma el pico El Castellón. Lugar para unas posibles rutas que no deben de dejarnos indiferentes y hacia el Sur, entre otras vistas, la espectacular panorámica a vista de pájaro sobre el embalse de los Órganos.








No continué hasta el mismo pico, por tratarse de un terreno complejo donde había que subir con calma y no quería demorarme más esperándome Guillermo abajo, así que regresé por donde mismo había subido, contacté con él y continuamos con el regreso.




A la altura del Salto de los Órganos, no pudimos aguantar más y subimos hacia las bases de las cascadas, estuvimos al lado de donde chocaba el agua en su larga caída con el suelo, intentando no ser duchados por ese enorme torrente, aunque por dos ocasiones estuvimos a punto, ya que el viento las zarandeaba y las movía varias decenas de metros.







Tras esta última acción emocionante, ya sí, tomamos el camino de vuelta de un tirón.


DATOS DE INTERÉS DE LA RUTA:




Si quieres el track de la ruta, pincha sobre el siguiente enlace:

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